La vejez y la muerte aún son temas tabú y grandes preocupaciones. ¿Cómo afrontarlas cuando hablamos de nuestros padres?

Estamos tan acostumbrados a ser los hijos, los atendidos, que no nos planteamos que en algún momento seremos nosotros quienes tengamos que preocuparnos por nuestros padres y hacernos cargo de ellos.

Y no es que no podamos negar lo triste que hay en ello, es que es un proceso natural, algo que no podemos evitar.

El tránsito de pasar de objetos de cuidado a cuidadores suele acarrear cierta dificultad, porque afrontar el hecho de que nuestros padres empiezan a ser más dependientes o de que debemos asumir ciertas responsabilidades con su cuidado nos enfrenta a la cercanía de la muerte»» Muchas personas reciben esta nueva etapa con ansiedad y temor por el vértigo de esta dualidad.
  

De cuidados a cuidadores

A veces sucede de la noche a la mañana, nuestros padres están bien y de repente una caída una enfermedad, invalidez o suceso, determina un cambio de estatus en la salud de nuestros padres.

En ese momento aparece el miedo y la ansiedad, que siempre tenemos ahí latente, pero cuando toma forma y se nos pone delante, es normal que aparezcan esas emociones.

El miedo a algo que no ha ocurrido pero pensamos que va a ocurrir se debe al hecho de que estamos anticipándonos a una situación que no sabemos ni cuándo ni cómo se va a dar. Anticiparnos genera incertidumbre, una emoción muy molesta, sobre todo cuando hablamos de la enfermedad o la pérdida de un ser querido, que nos produce temor y dolor.

Resulta muy incómodo aceptar que la vida trae procesos dolorosos.

Se debe generar un diálogo en el que la vejez se reivindique, con sus limitaciones pero también con sus grandes virtudes, y encontrar un espacio donde nos sintamos a gusto con nuestros mayores y los mayores se sientan parte de nosotros.

La vejez y la muerte deben ser temas de los que hablar con ellos para crear un entorno sincero, para que ellos no se sientan incómodos cuando nos necesiten ni a nosotros nos suponga un trauma afrontar ese momento.

Muchos mayores se sienten más cómodos hablando de estos temas con profesionales que con sus propios hijos, y es vital darle la vuelta a eso. El núcleo familiar debe ser el eje de confianza y seguridad.
  

Vivir el presente con ellos

Preocupándonos no conseguimos nada, solo hacer nuestro problema o inquietud más grande, y ocupándonos podemos buscar una solución, una mejor manera de resolver, reaccionar o atender algo. Es muy importante tener una charla sobre la aceptación y el proceso natural de la vida, preocuparnos poco y tener la tranquilidad de que, llegado el momento, sabremos ocuparnos.

En ServiTa podemos ayudaros llegado este momento, proporcionando cuidadoras cualificadas, con verdadera vocación de servicio hacia nuestros mayores. Las ventajas de una cuidadora a domicilio son muchas, la principal es que no privamos a nuestros mayores de su entorno, de sus costumbres y todas las ventajas que tiene disponer de una cuidadora en exclusiva para ellos.

También debemos aprender a ponernos en la piel de nuestros padres. Para ellos es duro ver que necesitan a alguien y muchas veces no piden ayuda por la vergüenza o la carga que van a suponer, también por el miedo que les supone pensar en que una cuidadora va a convivir con ellos en su casa.
  

Por último, unas recomendaciones:

¿Qué podemos hacer ante el miedo a la enfermedad y la pérdida de nuestros mayores?

 

    • Es vital hablar con ellos, preguntarles cuál sería su escenario ideal en la vejez, confrontar ideas y mantener siempre firme la idea de que, pese a que será una etapa donde se verán más limitados, siempre podrán aportar.
    • Y sobre todo, vivir el presente con ellos, ya que es el único sitio donde vivimos, ni en el futuro ni en el pasado. Vivir el presente con ellos y disfrutar todo lo que la vida nos traiga.